
El peligro es de carne y hueso
Radios Libres - Wednesday, September 9, 2026Ya está disponible el N° 18 de la revista digital de Internet Ciudadana (Septiembre 2026) bajo el título de “Otras miradas sobre la inteligencia artificial“. Les compartimos el artículo que escribimos desde Radios Libres para este número.
Descargar la Revista Enlace alternativoComo seguramente has leído en varios medios, “nos estamos jugando el futuro de la humanidad y del planeta”. Sin embargo, no es porque en algún momento la inteligencia artificial avance de tal manera que los robots puedan autofabricarse y terminar con nuestra civilización.
El peligro es de carne y hueso. Se llama, por ejemplo, Peter Thiel y ahora tiene la mirada puesta en Argentina. El dueño de Palantir, una compañía que ofrece servicios de análisis de datos basados en inteligencia artificial a empresas, gobiernos y ejércitos de todo el planeta, ha comprado acciones de una empresa de energía que explota Vaca Muerta, uno de los pozos petroleros argentinos más grande del continente.
También se especula que la ley que impulsa el gobierno de Javier Milei –aunque de momento se frenó en el Senado gracias a la presión ciudadana– lleva la firma del tecnomagnate. Un rumor con bastante sustento ya que Thiel es el principal inversor del proyecto Próspera, una zona liberada de la isla hondureña de Roatán que fue entregada a una serie de inversores de Sillicon Valley para fundar una ciudad-empresa ultraliberal (start up city) que se rige por leyes propias sin ninguna injerencia o control del Estado hondureño. La fundaron gracias a una Ley a medida para la creación de Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE). Aunque fue declara anticonstitucional, Próspera sigue funcionando y la promotora que la gestiona demandó al Estado hondureño por daños a inversiones.
Thiel se ha posicionado en reiteradas ocasiones en contra de la democracia y ofrece conferencias por todo el mundo promoviendo una especie de teología neofascista centrada en el Anticristo, refiriéndose al actual sistema de gobierno democrático que rige en la mayoría del planeta. En abril de 2026, Palantir publicó en su cuenta de X el “Manifiesto Palantir”, un resumen del libro “The Technological Republic” escrito por el director ejecutivo de la empresa Alex Karp. En él, Karp propone un nuevo orden geopolítico gestionado y liderado por inteligencia artificial occidental. Entre los 22 puntos del manifiesto afirma que la era atómica llegó a su fin y que el “hard power” –el poder bélico y económico de los países– estará basado en el software: la cuestión no es si se fabricarán armas basadas en la IA, sino quién las fabricará y con qué fin.
Sin embargo, lo más destacado de su propuesta es que, con total impunidad, expone el modelo de sociedad alienante, regresiva y fascista que defienden:
“Algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas. Todas las culturas serían ahora iguales. La crítica y los juicios de valor estarían prohibidos. Sin embargo, este nuevo dogma pasa por alto el hecho de que ciertas culturas, y, de hecho, ciertas subculturas […] han producido maravillas. Otras han resultado mediocres y, lo que es peor, regresivas y nocivas. Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y sin sentido. Nosotros, en Estados Unidos, y más ampliamente en Occidente, hemos resistido durante el último medio siglo la definición de culturas nacionales en nombre de la inclusión. Pero ¿la inclusión en qué?”
El peligro también tiene el rostro de otros de hombres que impulsan esta frenética competencia por ver quién domina el control global de la IA, lo cual les otorgará el dinero –son las personas más ricas del planeta– y, lo más importante, el poder de imponer la ideología dominante del futuro. Se llaman Elon Musk (X/Grok/Tesla/SpaceX/Starlink), Sam Altman (OpenIA), Larry Ellison (Oracle), Jensen Huang (Nvidia), Dario Amodei (Anthropic), Mark Zukerberg (Meta) o Larry Page y Sergey Brin (Google), entre otros.
Contra toda esta nueva tecnoligarquía global queremos proponer la construcción colectiva de un manifiesto ciudadano. Un manifiesto sociopolítico. Porque estos magnates han dejado en claro que no están invirtiendo en herramientas tecnológicas neutras para ayudar a la humanidad, sino en dispositivos que consolidan y profundizan las actuales relaciones de poder y autoridad. No está en juego quién genera mejor las imágenes u ofrece la respuesta más rápida en un chatbot, sino quién dominará y guiará los designios de la humanidad en las próximas décadas y hacia dónde. Aquí, nuestro aporte:
- Queremos que el uso de la Inteligencia Artificial sea opcional, no inevitable. Queremos mantener el derecho a elegir en qué usar nuestras capacidades humanas y en qué emplear las capacidades de computo de las tecnologías digitales.
- Queremos que los Estados u organismos multilaterales regulen estas herramientas pensando siempre en la sociedad y no para beneficiar a sus aliados. Sabemos que la mayoría de gobiernos actuales en nuestra región son genuflexos y sumisos a estos multimillonarios pero necesitamos seguir debatiendo y tener propuestas listas para cuando lleguen gobernantes que defiendan la soberanía de sus pueblos.
- Queremos un desarrollo tecnológico centrado en las personas y no en la especulación financiera que para inflar el valor de las acciones se acompaña de un discurso que mitifica los artefactos como si fueran la única solución a los problemas de la humanidad. La época actual recuerda mucho a las políticas desarrollistas de la década de los 50 que prometían que las cosechadoras y la maquinaria del norte que vendían a los países del sur acabarían con el hambre en el mundo. Aquella tecnificación del campo profundizó la concentración de la tierra y los agronegocios y, claramente, no terminaron con el hambre: la desigualdad entre quienes tienen más y el resto de la sociedad, nunca fue tan abismal.
- Queremos que los algoritmos sean transparentes y no desarrollados y mantenidos bajo siete llaves por puñado de empresas que decide qué vemos o encontramos. Por ejemplo, en estas semanas se conoció la identidad de la esposa de Dario Amodei, fundadora de una empresa de pornografía para mujeres y contacto de Epstein. Casualmente, Claude, el “megapoderoso” chatbot desarrollado por la empresa de Amodei no sabía nada de ella. Imagina el poder que tendrían 2 o 3 empresas si pudieran matizar o condicionar, aunque fuera mínimamente, los resultados de una búsqueda o pregunta y mostrar contenidos en un sentido o en otro. Imagina el poder de influencia que eso tendría sobre nuestra ideología y pensamiento o sobre nuestro voto. Ya está pasando.
- Queremos que los sistemas educativos limiten el uso de la IA. Al igual que la calculadora se integra en la enseñanza cuando cognitivamente hemos entendido el proceso de sumar y restar, la IA debería introducirse cuando hemos aprendido a pensar y a decidir por nosotras mismas para qué sí o no la usamos. Queremos que el aprendizaje no se cuantifique por el número de papers o textos que podemos resumir con la IA para hacer nuestras tesis o artículos, si no por cuántos de esos textos nos atraviesan y nos hacen pensar críticamente y poder argumentar desde lo que esos textos nos provocaron.
- Queremos que como sociedad no deleguemos las tareas cognitivas y creativas a una tecnología. Es lo que nos distingue de otras especies y es lo más poderoso que tenemos. Aplicar el pensamiento crítico y decidir en qué casos es útil y necesario y en cuáles no. Sobre todo teniendo en cuenta el costo ambiental que tiene la IA.
- Y queremos una IA que no sea ni racista ni patriarcal. Sus dueños son hombres occidentales, el 70% de quienes las usan y programas también lo son. Al igual que las redes sociales, la IA destila testosterona, rivalidad, competencia, violencia. Apostamos por tecnologías cooperativas, diversas, basadas en las personas y con un enfoque de cuidados.
Otra IA no solo es posible, sino necesaria, si no queremos que nos gobierne el Anticristo.